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martes, 6 de abril de 2010

DE ERÓTICA

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Amara mejora con lentitud.
Demasiados años de dolor, demasiada medicación, su cuerpo ha sufrido mucho y hay que pagarlo. Eso dice el neurocirujano de urgencias que hoy la ha visitado. Deberá tener paciencia. Según ella: deberemos; aunque a mi ya no me hace falta, con saber que está curada y el tumor no volverá a atacarla tengo suficiente.
Hoy la ha llamado José. Me lo ha dicho llegando al hospital...
-Estaba emocionado, casi se ha puesto a llorar, Pau-
El viernes llamé a Caso para contarle la mejoría. No lo había llamado sin antes estar seguro, sin verla, tocarla... Y también se emocionó y sentí sus lágrimas a través del auricular. Y llamé a Fito, colega, mentor y amigo de alegrías y fracasos, con el que viajó a menudo por convenciones y conferencias. Fito fue el que movió cielo y tierra para que fuese tratada por quien la operó, para adelantarle la intervención. Y también se emocionó.




A mi amigo Caso le chiflaba Amara, aunque nunca se planteó tener una aventura con ella. Por Helena, su compañera y amiga mía, sabía de nuestras fiestas, costumbres y manera de ver la vida. Y era partícipe ideológico de ello, pero siempre desde la formalidad y la lejanía, hasta que un día, por Joan y el interés de conocer a José, vinieron a una de ellas.
Para Caso la edad era un problema, le hacía sentirse desplazado; sin embargo, la conexión intelectual y sentimental con Amara fue instantánea y nunca tuvo empacho de reconocerlo. Para mi amigo, el atractivo intelectual es imprescindible y el físico una ayuda. En el caso de mi compañera, su unión una bomba, ya que, conocedora de su gusto y la pasión que le profesaba, los combinaba con inocente y natural picardía.
Caso, en las pocas ocasiones que nos veíamos, siempre se asentaba cerca de Amara sin disimulo. Buscaba su conversación y la opinión que tenía de los políticos, banqueros, intelectuales y artistas que había tratado como profesional.
A mi compañera siempre le han gustado los hombres cultos e inteligentes, conversar con ellos de cualquier materia. La diferencia de edad, veinte años más en este caso, no es un problema sino lo contrario, un atractivo añadido.
La manera de expresarse, sus miradas, la preconcebida situación que tomaban durante una cena, charla... nunca de frente o al lado, sino haciendo esquina, eran y aún son dignos de estudio sobre el arte de la dialéctica y la seducción.
Caso, hombre de extrema cultura y vivencias, tan inteligente como bebedor y mujeriego, jugador, borracho y pendenciero. Sabía que debía espaciar sus acosos, romper la conversación para dar un respiro a su joven amiga, que por una parte lo agradecía y, por otra, al poco lo buscaba. Durante estos momentos, Caso aprovechaba para acercárseme. Aquel día también para charlar con José y Joan, casi tan cultos como él. Conmigo hacía para exclamar sobre mi suerte.
- Amara es especial. Cuídala. Es una mujer tan intensa, fuerte, entera... Como te descuides...-
Y yo me reía en mi interior, aunque por fuera sintiera tanto orgullo como poco temor.
Helena y Caso son de las pocas personas que conocen mi vida, no toda, pero casi como Pili.

Aquel día Amara estaba especialmente atractiva. La fiesta debía ser caliente y para ella la presencia de nuestro amigo representaba una sorpresa y un desafío.
- Nunca imaginé que vendrías a una de nuestras fiestas-
Un fino y corto vestido de algodón blanco de bambula, tan suave como sugestivo por su equívoca transparencia.
¿Llevaba algo debajo?
No lo parecía, tampoco podía asegurarse.
Estábamos hablando en compañía de mis dos amigos; y ella, recién llegada de su guardia hospitalaria, se acercó insinuante mirándolo fijamente a los ojos. El borde del escote justo le cubría la aureola de sus pezones, sus preciosos y turgentes pechos soportaban la prenda, que se movía con una cadencia que hasta a mí me erizaba el vello. La flojedad de los finos tirantes demostraban su inutilidad, y el deslizamiento que la gravedad les demandaba, era contrarrestada por gráciles movimientos de hombro, que uno no sabía si provocarían su definitiva caída o servirían para resituarlos donde su dueña aparentaba querer.
El cabello, su simpática manera de soplar para quitárselo de encima; los ligeramente gruesos labios y la provocativa forma que les infiere al expresarse; el típico y gracioso movimiento de su nariz, que nunca he sabido como lo consigue y sabiamente raciona.
- ¿De qué habláis?-
Y yo, rápido y con intención, mirándole con descaro el soberano escote...
- Del por qué la erótica-
- ¡AH! Precisamente de eso os puedo dar una conferencia. Hace poco asistí a la que organizó Anna en el colegio de sicólogos sobre la materia-
Helena y Caso marcharon después de cenar. Aquel día hubo mucho sexo, todo oral, no del típico sino del hablado. El ambiente era puro fuego, una mezcla de enciclopedismo y erotismo como nunca había visto, oído, sentido...
Al despedirse, mi amigo me confesó que pocas veces había hecho el sexo con tal intensidad.

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domingo, 7 de marzo de 2010

PRÓLOGO

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Habana Vieja


Hace poco, al salir del Metro di de bruces con un viejo amigo, filósofo y escritor.
- ¿Qué tal con tus viajes por Madrid?- Me pregunta.
Y es que la última vez que nos vimos llegaba de allí y ya estaba pensando en volver.
Mi amigo, enamorado de Amara, cómo no, fue uno de los que asistió a la gran fiesta, algo que me sorprendió agradablemente, y le regaló un largo poema, de los más bellos que haya leído nunca.
Tenía tiempo, llovía. Entramos en un bar para tomar un café y charlar un rato.
Hablamos de Madrid, de “la movida”.
La movida... Qué idea tan insustancial, pienso.
La movida madrileña fue un invento mediático, más que nada para contrarrestar el enorme auge cultural barcelonés de finales de los setenta a mediados de los ochenta.
- ¡Qué diferentes somos!- Le digo. -Voy a Madrid, entro en un bar a tomar un café, encuentro al camarero hablando con un cliente y, al servirme, me da razón de su plática. ¿Dónde has visto algo así en Barcelona? En ningún lugar. Nunca-
- Eso no es cultura- Me dice.
- No, claro, pero es la llave para ser la mejor de todas-
Nadie entiende mi razonamiento. Es complejo.
Aquí la gente “de cultura” se encierra en su urna. Solo sabe mirarse el ombligo y circunscribirse en su entorno cultural. Tiene los días contados.
Allí solo tienen un problema: la crispación. Se han creado dos bandos: el facha y el progre, y no se soportan.
En Madrid todo es extremo. Los fachas son muy fachas y los progres muy progres. Lo más curioso es que los primeros no se consideran fachas. Es como Pinochet, que no se creía dictador y asesino.
El día que lo superen se comerán el mundo.


A mi vuelta con el Metro pienso en mi viejo amigo, cómo éramos y nos hicimos. Caso tiene bastantes años más que yo, como quince. Un tipo interesante, de aquellos que tanto gustan a Amara y a los que tanto atraía. Mi amigo nada tuvo que ver con mi mundo. Lo conocí en unos momentos duros, me había arruinado y trabajaba en todo lo que podía darme dinero. A partir de entonces como matón y cobrador de imposibles. El que me contrataba tenía mucho cuidado. Sabía que podía confiar en mi, pero solo con trabajos de una característica especial: estafadores, gente que por ser dura se creía con poder de no pagar, gracias a cualquier subterfugio; chulos que habían visto muchas películas, que trepaban a costa de la candidez y el hambre de otros. Sabía que debían mucho a muchos, que estaban forrados y con el dinero a buen recaudo. Los hijos, la mujer, la amante... La comisión era grande, tanto como la dificultad y el riesgo, pero necesaria. Debía pagar mis deudas y empezar de nuevo.
Lisboa, Madrid, Valencia, Barcelona... hasta en un yate con guardaespaldas, que ya habían apalizado a un acreedor conocido. Y hoy, al recordar, me río de mi mismo.
Para algo debía servirme saber cómo informarme, llegar y que punto tocar. Tenía que ser mi último trabajo y era más favor que necesidad. Aquel tipo puso una dificultad añadida, no obstante haber sido avisado. Si no cedía mis honorarios serían mayores y los pagaría el. Y así fue. Parte de mi segundo velero salió de allí.
Al cabo de un tiempo lo encontré. Se había introducido en mi mundo con la adquisición de una gran tienda al mayor. Tropezamos en una feria, nos saludamos y me dio su tarjeta...
- Me interesa tu producto. Podrías enseñárselo a mi encargado de compras-
Mandé a mi socio. El tipo tenía mala fama, tanta que S tuvo reparos en visitarlo. No te preocupes, le dije, te pagará al contado.
Duró poco. La enfermedad, producto de la vida que llevaba, se lo comió.
Después de mi recuperación, mi primer cliente fue uno de los agradecidos por haber cobrado de un imposible y mafioso. Y me compró y ayudó con diseños, modelos y facilidades para encontrar proveedores. Hoy aún es cliente y buen amigo.



La vida da muchas vueltas. Mi amigo, escritor y antiguo columnista de literatura; jugador, borracho y poeta, fue el que me introdujo en aquel mundo. No sabía nada de mí, para él solo era el amigo de su compañera. Le caí bien, me dijo que daba la talla, que probara. No podía imaginarse hasta dónde estaba dispuesto a llegar, con tal de recuperarme y sacar mi familia adelante; tampoco lo preparado que estaba.
Mucho antes de organizar la fiesta, le comenté a mi amiga mi interés en dar una buena sorpresa a Amara.
- Cuenta con nosotros- Me dijo.
No podía creerlo. Pensaba que la lejanía y falta de contacto habrían enfriado la relación.
Luego pensé que al montarla tan lejos, con hotel, avión, coches de alquiler y tres días de fiesta continua, los echarían para atrás. No fue así y participaron en la fiesta más grande y bella que pueda imaginarse.

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Y justo antes de escribir pensaba cómo somos y nos hicimos.
No recuerdo, de tantos años, como la cultura hippie me afectó hasta tal punto, de hacérmela mía y transformarla a mi gusto.

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