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martes, 24 de julio de 2012

A MUCHO MEJOR

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Ayer, una amiga sabia y triunfadora me preguntó por quinta o sexta vez en pocos meses, cómo veo el asunto.
-Bien -le respondí –por lo menos mucho mejor que hace muchos años, cuando la gente temía a la guerra fría y el subnormal de Reagan andaba con su guerrita de las galaxias –ahora, que el Hubble nos enseña mejor el cosmos, eso de la guerra de las galaxias suena a filmoteca pasada de rosca-
La guerra de las galaxias solo sirvió para destapar la podredumbre del régimen soviético, que no dejaba de ser el reflejo de nuestros vicios, nada más; porque, ya entonces, un cohete norteamericano sin la tecnología nipona, no pasaba de la estratosfera. Ahora, mira por dónde, el ordenador de a bordo de una nave americana, precisa un montón de piezas de alta tecnología china.
Lo cierto es que, mientras a los norteamericanos les habría salido más rentable que Reagan se hubiera quedado con sus pelis de malo barato, al resto del mundo la cosa le ha ido de perlas.
A los occidentales el cambio nos saldrá caro, a unos más que a otros y a los españoles, en particular, mucho más que a la mayoría, porque ni somos europeos ni dejamos de serlo, y eso no suele salir bien que digamos.
El mundo ha cambiado, aunque en España, que como en todo llega tarde, se dice que está cambiando. China y la revolución de la comunicación han puesto al mundo patas arriba, y lo que antes servía como bueno, ahora es malo. China, que en realidad es el paradigma de la sociedad emergente, ha conseguido que la tierra de cultivo, los medios y el trabajo, tengan más importancia que la manipulación del dinero.
Ahora, por mucho que algunos digan o hablen de especulación, lo importante es cosechar trigo o extraer hierro y disponer del dinero para comprarlo, fabricar harina o acero y trabajar para convertirlos en bienes manufacturados. Algunos occidentales lo descubrieron a tiempo y adaptaron sus sociedades para el desafío, con la convicción que ya nada sería como antes; otros utilizaron la estrategia del avestruz y prefirieron no darse por enterados.
-El mundo ha cambiado, Cris. Si no me equivoco y el occidental no se vuelve loco, habrá menos guerras y los bienes se repartirán mejor entre las distintas sociedades del planeta. Algunos, como nosotros, sufrirán por su estupidez y su cobardía, mientras el mundo global prosperará. Sin embargo, si el occidental se vuelve loco y sigue a sus fantasmas, si prefiere escuchar a sus voceros ultracristianos, que cantan sobre la supremacía de su dios y de su cultura-religión, será barrido por una ola de destrucción sin igual.
Y Cris, la Hache de mi historia-novela, afirma con la cabeza. Ha visto y vivido mucho, lo suficiente para darse cuenta que es posible que no me equivoque, y con eso tiene bastante.


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2 comentarios:

  1. No sé Pau, sí es que vamos muy lentos o pecamos de exceso de velocidad, uno mira los cinco mil años de historia de China y cuales han sido sus avances y se queda perplejo reflexionando cuando los compara con nuestros últimos doscientos.

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  2. China no me ciega ni la admiro más o menos que a cualquiera. China es un gran país, tengo entendido que dirigido por gente que la ama. La historia de China tiene 4000 años, cuatrocientos de los cuales en horrorosa decadencia. Cuatrocientos es un diez por ciento, nada comparado con los mil de nuestra historia y los cientos de decadencia.
    Estoy seguro que en la historia de la humanidad, China tendrá un papel predominante, que no se basará en el poder militar.
    Los tiempos han cambiado para mejor, porque para peor solo queda la destrucción total.

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