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The Green Wave, la película que narra la lucha de un pueblo |
Algunos amigos me preguntan por la segunda moneda, sobre
los problemas que acarrearía y si los había pensado, también el por qué tiene
que ser paralela. Hace unos días otros dos me escribieron por lo mismo,
seguramente después de leer mi blog.
El paralelismo es, en este caso, relativo. También habría
que ver lo que cada uno piensa sobre el tema. Para mí está claro: una moneda
paralela debe ser tratada casi como igual y, a poder ser, mantener el mismo
valor. En mi caso prefiero definirla como paralela antes que doble.
Por supuesto, será difícil y ni de lejos una panacea,
pero desaparecerá la sensación de pobreza; la gente podrá tener un trabajo y se
crearán nuevas empresas, aunque pequeñas, y poco a poco se recuperará el tejido
industrial. La gente trabajará muchas horas y ya no podrá cambiar de televisor,
de coche, de ordenador, con tanta alegría. Para eso se montarán talleres de
reparación. Ya no se podrá viajar con tanta facilidad. Las vacaciones tendrán
que ser en el país. Muy pocos, solo los que generen euros en abundancia, podrán
pasarlas en el extranjero.
El país caerá, pero no más que sin la moneda paralela, en
todo caso menos. Sin embargo, no habrá pisos vacíos ni, por ende, gente viviendo
en la calle; ni excedentes de alimentos, por tanto, tampoco hambre. A unos les
sobrarán euros, a otros íberos; pero como habrá muchas cosas que solo podrán
pagarse con esos últimos, el cambio podrá mantenerse.
Me preguntan y yo respondo, y todos contestan diciendo
que es una alternativa a estudiar.
En caso de llevar razón, nadie me llamará ni me
escribirá, no soy de su casta. Tampoco pueden dialogar con un tipo que, como principio
ineludible, considera que hay que eliminar la corrupción, por tanto a esa misma
casta.
Con solo que plantearan la propuesta sería suficiente. No
es necesario nombrar al que tuvo la idea, porque ya me contarás quién tiene los
redaños de confesar que eso salió de un tal hippie perdido.
.
Ya tendría su injundia, la cuestión de un Premio Nobel de economía, adjudicado a un joven eterno y además novel perdido. Eso si que sería divertido. Oír como chirriarían los académicos goznes. ¿Has pensado en el disfraz para la ceremonia?. Es broma claro, pero nunca se sabe y ya se lo ha llevado por sorpresa algún español que investigaba por su cuenta.
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