PIENSAS DIFERENTE, VOTA DIFERENTE

martes, 7 de agosto de 2012

ESPAÑOLITO

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Hace tiempo Luis Garicano decía que era la última oportunidad para España de no volver a los años cincuenta. No recuerdo exactamente lo que comenté en aquel momento. Lo seguro es que dije algo parecido a que ya no había tiempo. Tampoco sé a qué se refería Luis al hablar de los años cincuenta.
Durante los cincuenta se empezaron a crear las grandes empresas públicas, que tanto el PSOE como el PP tuvieron a bien disolver, en aras a engordar las arcas de sus amigos, con la excusa de una mejor funcionalidad. Eso tan simple lo saben hasta los paganos que votan al PP y al PSOE, y que nunca cobrarán por ello.
Ahora, tal como van las cosas, solo quedan las empresas municipales, la sanidad y educación públicas, y, por último, la RENFE. El primer paso para disolver y privatizar las primeras es arruinando los consistorios, de manera que no les quede más remedio que ceder la funcionalidad de sus servicios a las diputaciones, que dispondrán de la potestad de vender el servicio. En cuanto a la sanidad y la educación, no es necesario tener demasiadas luces para ver de qué va el asunto. Se trata pues de financiar y apoyar las empresas privadas, en retirada y con grandes pérdidas por cierto, para que se queden o regenten a precio simbólico las infraestructuras que todos hemos pagado.
La electricidad, el gas, la red eléctrica, las centrales nucleares que ya pagamos con el recibo, las líneas aéreas, el transporte terrestre, el ferroviario, la minería, las fundiciones, los astilleros, la automoción... todo se ha privatizado en aras a lo anteriormente dicho; porque otra cosa no es, ya que el francés, que justo está aquí al lado, no se cansa de demostrar que el Estado puede administrar tan bien o mejor que el empresario privado.
¡El francés! El gran enemigo al que todos miran con aprensión, ya que es el ejemplo más evidente de la subnormalidad del españolito. Si el francés estuviera lejos, aunque fuera en Europa del Este, sería otra cosa; pero está aquí al lado y habla casi como nosotros, come cosas parecidas y también bebe vino; pero según los últimos estudios estadísticos, jode más y mejor, es más listo y, por lo que parece y hacia dónde emigra nuestro cuerpo sanitario, pronto nos adelantará en esperanza de vida.

No es difícil darse cuenta que, pese lo dicho por el bienintencionado Luis, ya hemos llegado tarde. Lo que no sé es hasta dónde nos retraeremos, si podemos llamarlo de esa manera o compararlo a un decenio anterior. Lo seguro es que podría haber sido distinto. Solo que el españolito hubiera elegido con la cabeza antes que con la víscera, seguramente hoy no estaríamos hablando de pobreza, de asaltos a supermercados, de paro y de corrupción. O quizá me equivoque y sea cierto que el españolito haya elegido conscientemente a sus dirigentes, porque cuanto más ando más escucho la frase, de que yo ya sabía que eso era una burbuja que terminaría estallando, que tanto cerrar fábricas para vender productos chinos, franceses y alemanes terminaría mal, etc. Lo que demostraría que el españolito no es tan tonto como parece o como sus dirigentes, sino solo estúpido.

Mi amigo, el holandés errante, un tipo de mundo y sin veleidades nacionalistas, se extraña que hable del “españolito” con semejante desprecio. Y yo, que de nacionalista tengo tanto como él, lo que más me gustaría es definirlo de otra manera. Pero mi amigo no sabe, como yo, que una parte importante de este pueblo vota a cierta gente solo porque va a joder al catalán, mientras que otra vota al contrario porque cree que le va a dar dinero por no trabajar; y tanto una como otra aplauden que se invierta en misas y en toros en cambio de investigación.
Si no, de qué.


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1 comentario:

  1. Yo no sé, sí visto lo visto y oído lo escuchado, concentrarme como la carne en una lata y pasar de todo y de todos hasta que se vayan cayendo del guindo solos, la gente aún defiende que el estado es omnipotente y que esto se pasará con el tiempo como o si fuese un catarro persistente, lo que más me jode es la facilidad que tienen para desconectar cuando les intentas demostrar que no es así. Y te miran como a un bicho raro o como si estuvieras loco.

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