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lunes, 28 de noviembre de 2011

LÁGRIMAS

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Ayer cenamos con Mila, recién llegada de Cuba después de su última travesía atlántica con Richard.
-No creo que aguante más de este invierno. Intentaré pasar las navidades lo mejor posible, pero no creo que podamos salvarlo.
Me lo dice con los ojos húmedos. Sinceramente, nunca he visto llorar a Mila, solo una vez a Anna al recordar su impotencia con la niña muerta en Cachemira, y la humedad en los ojos de Mónica, cuando equivocadamente pensó que debía escoger entre Jep y yo. En realidad es como si nunca hubieran llorado. Amara es distinta, sus emociones afloran con más facilidad y, aunque pocas veces, suele hacerlo con lágrimas, aunque nunca la he visto hacerlo ante la muerte.
Amara siempre dice que yo no sé llorar. Como algunas veces he explicado, parece como si mis ojos se hubieran secado hace mucho, tanto que hoy no recuerdo; sin embargo, lloro más que Mila, Mónica y Anna, y más ahora, que mis ojos parecen haber recuperado las lágrimas.
A veces pienso en lo extrañas que son mis amigas, las que fueron y aún considero como compañeras.
Después de cenar llevamos a Amara a casa y nos fuimos a tomar unas copas. He vuelto esta mañana, roto y sin resuello. Amara no ha preguntado qué habíamos hecho, nunca lo hace, pero sí cómo la he dejado.
-Aún no sé cómo, he despertado en su cama y a su lado. Solo recuerdo que nos reíamos de todo y ella terminó borracha como una cuba.
La primera vez que veo humedad en sus ojos y también que se emborracha. Ella jura que ha sido su primera vez y no tengo por qué desconfiar de su palabra.
Al mediodía la he llamado.
-Eres un cabrón. Estoy en la UCI y aún no sé qué me ha pasado.
La conozco, sé que ha tomado una determinación y que eso de las navidades solo es para convencerse. Su matrimonio o como quiera que se llame no pasará de Febrero.
-Este verano podrías pasar un tiempo conmigo –me dijo antes de caer embriagada.
-Más de quince días no podré, no quiero dejar a Amara mucho tiempo sola –respondí.
-Que venga también.
Pero sabe que más de un mes es imposible, su enfermedad y los aparatos que lleva no lo permiten. Mila, tan independiente y autónoma como Anna, me pide que no la abandone, igual cómo hace tantos años, casi cuarenta, cuando vivíamos juntos en la comuna.
¿Qué me dijo entonces, circulando al alba por la collada de Toses? Exactamente no lo recuerdo. Creo que algo parecido a: no sé que haría sin ti, algo sorprendente viniendo de una mujer como ella.
Nunca he hecho el sexo con mi amiga hermana, y ayer, que pasó por mi cabeza hacerlo, habría terminado en desastre por lo muy borrachos que estábamos. Hacer el amor es otra cosa, eso lo hacemos constantemente y con solo mirarnos.
 

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3 comentarios:

  1. Pegado me has dejado al vídeo durante los 07:32. Magnifica elección.

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  2. Celebro que te haya gustado. Creo, por lo que cuentas, que somos de edad parecida. Nos gusta lo mismo, la música de unos irrepetibles y virtuosos monstruos. Eso es lo que echamos en falta: el virtuosismo.
    Tengo entendido por un amigo común, que Ian Anderson aguantará un par de años, en todo caso menos de tres. Veremos...
    En este concierto había perdido bastante voz, ahora parece haber recuperado algo y está más delgado.
    Me gusta mucho, claro, pero debemos reconocer su impotencia e inseguridad, cuando se rodea de mediocridad para que nadie pueda hacerle sombra. Patético, ¿no te parece?

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  3. Pues cómo andamos más cerca de ser abuelos que padres y los "sesenta" son nuestros ya vamos aprendiendo a disculpar ajenas flaquezas, dejemos al bueno de Ian defender la plaza y el avance del tiempo cómo pueda. Uno también se desenvuelve ya más cómo puede que como quiere. Pero recordemos que en su momento Jetrho Tull fue algo innovador. A mi me lo descubrieron sobre a finales de los sesenta.

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