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domingo, 8 de diciembre de 2013

LA JODIDA INFIDELIDAD

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El martes cené con Mila. Richard y ella lo han dejado o, mejor, ella ha dejado a Richard. Le ha sido infiel y no se lo puede perdonar. La infidelidad es cosa seria para nosotros y va más allá del sexo y del dinero. La que nosotros entendemos es parte de la amistad, de la convivencia y hasta de la vida. Según mi gran amiga hermana, en eso nos parecemos, no percibimos tonos ni matices, es blanco o negro, todo o nada.
Y ayer, después de unas copas en el Berimbau, hablamos de amor, del que siento y sentí por ella, de lo cerca que estuvimos y que seguimos estando; del por qué no fructificó, cuando sabíamos lo mucho que nos queríamos.
Y le hablé de mi hijo Al, de Artur, de quien le viene el nombre y quizá la sangre. Y le hablé de Anna, de lo increíblemente feliz que soy de que vuelva.
Mi hijo vuelve justo antes de navidad, el mismo día que Anna. Es curioso cómo me emociono cada vez que recibo correo de mi amiga, esta vez para anunciarme su vuelta.
Las cosas han cambiado en Myanmar, el país se está democratizando y sus compañeras ya pueden empezar a volver a sus pueblos y ciudades. Ya no es necesaria su presencia o quizá se haya convertido en un estorbo.
Nunca entenderé esta capacidad de algunos para el perdón. Yo nunca perdonaré, y, aunque firmara la paz, aún tengo presente el mal que se hizo y a quién debo hacérselo pagar.
Mi hijo llega tras diez meses de ausencia. En cuanto a Anna, son tantos años que ya no recuerdo. Nadie la reconocerá. Más delgada, pero con los mismos labios, dulces y carnosos, su mirada, su sonrisa. Los años la han hecho aún más sensual. Vuelve para marchar. No me lo ha dicho pero lo sé. Anna es incapaz de soportar el cínico conformismo de Europa, necesita acción y sabe encontrarla. Esta vez, si es donde imagino y la salud de Amara se estabiliza, sin duda la ayudaré.

Caminamos por las calles de Barcelona, desiertas. Muchas manzanas del ensanche sin ver un alma, ni siquiera coches. Andamos cogidos del brazo, contándonos anécdotas e historias, ella para desembarazarse del mal recuerdo y cambiarlo por los muchos buenos. Un asaltante apostado en un portal nos sigue, y ella vuelve la cabeza y se ríe mientras exclama con voz bien alta.
-¡Qué miedo tengo!
El tipo retrocede y se esconde en otro, dos más adelante encontramos a su compañero al resguardo, el que debía cortarnos el paso. Una manzana después me pregunta si llevo mi cuchillo.
- Hace mucho que lo dejé en casa –respondo recordando la última vez que utilicé uno.
Se encoje de hombros y sigue hablando de Richard y de los otros; de la extraña relación de Rob con Amara, lo que ella pudo ver en un tipo tan adusto y desfigurado, y también lo que Richard sentía por ella.
-Richard solo veía a una tía muy joven que estaba buenísima. Amara siempre lo supo, por eso iba tranquila. Cuando los demás intentaron dejarla sola para Rob, Richard puso mala cara, que cambió cuando ella les dijo que para compañero ya me tenía a mí y para amante a Jep. Difícilmente recordarás a Amara con menos de dos hombres, a poder ser compartidos con Mónica. Ya sabes, es de la opinión que de uno en uno los tíos acarrean problemas.
Richard nunca fue santo de su devoción, lo consideraba infantil y egoísta, y lo respetaba por ti. De Rob le atrae su nobleza y su inteligencia, su ternura y el respeto que siempre ha mantenido hacia las mujeres. Y no me lo ha dicho, no me hace falta, eso son cosas que un compañero sabe con solo una mirada, un gesto o el tono de la voz.
Y hablamos del negocio con el barco, de su futuro.
- Me falta un patrón –dice mirándome a los ojos, aun sabiendo que con Amara enferma no puedo, que sería mi sueño vivir en un barco y de él.

Por Navidad llega Anna y es posible que con Biel pase el fin de año con nosotros: Jep, Mónica, Amara, Mila y yo. ¿Qué más puedo querer?


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