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martes, 11 de septiembre de 2012

UN TRISTE E INEVITABLE FINAL

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                                 Extraído de la portada del TIMEWorld

September 11 always brings Barcelonans into the streets to dance the sardana, sing for their enemies’ blood in the anthem Els Segaders, and chant political slogans in celebration of their national holiday, the Diada de Catalunya. But this year, a new intensity colored the Catalans’ nationalist fervor. The independence movement’s flag bearing a white star against a blue triangle outnumbered the region’s official plain yellow-and-red striped standard. A pro-independence march, which in the past has never drawn more than 50,000 people, pulled in a crowd estimated by city police at 1.5 million. And every newspaper in the city carried the results of a poll released this week that reveals a once-unimaginable transformation: Half the population of Catalonia supports secession from Spain.

(Lo que sigue del artículo no tiene desperdicio)

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Hace años explicaba que el boicot a los productos catalanes había desencadenado algo que sería muy difícil de parar. El PSOE de Zapatero no tuvo ningún reparo en despreciar la política de su propio partido en Catalunya, mintiendo y traicionando a su electorado. Ahora, la estupidez y el inmovilismo del PP (Rajoy no deja de ser una marioneta sin ideas propias) han rematado lo que ya era inevitable.

Los historiadores, cómo no, culparán al pobre idiota de la rotura de la nación, cuando en realidad ya había sido sentenciada bastantes años atrás.

El culpable de lo sucedido no es uno sino muchos, y casi todos los partidos tienen su parte de responsabilidad, desde IU hasta el PP, pasando por CIU. Los unos acusando a la derecha oligarca catalana, de estar detrás de todo por solo la pasta y el poder, cosa cierta pero no lo suficiente. Otros acusando al aparato de la Generalitat de mantener un excesivo gasto,  cosa cierta pero hasta cierto punto, ya que aquí todos han chupado. Y, por último, los de siempre con la consabida cantinela de la historia para defender lo indefendible, con la pretensión de que Catalunya es producto de una conquista.

Todo empezó un aciago día en el que el PP de Aznar, después de acicatear a sus bases, montó un boicot a los productos procedentes de un territorio. Una estupidez donde las haya, premiada seguidamente por unos cuantos millones de subnormales, que rubricaron el insulto.
Entonces avisé, lo recuerdo muy bien, que eso conllevaría no solo el desapego hacia España sino también la independencia económica. El ejemplo del Cava fue sintomático, la pérdida pronto fue suplida por ventas en el extranjero. Las empresas catalanas, la mía entre ellas, perdieron el interés por el mercado español y se lanzaron al exterior.
La autonomía y el descentralismo son sanos y dan beneficio en todos los sentidos, incluso al Estado. La independencia entonces se hace costosa e inútil, sin embargo, todo cambia cuando una región ha dejado de ser dependiente económicamente del resto del Estado, y más si ha sido castigada por ser como es.
En efecto, la independencia solo es posible si antes es económica.

Un país en el que sus políticos obtienen rédito electoral gracias a promover el odio nacionalista entre su ciudadanía, no merece existir.
No será mañana ni pasado, pero sí mucho antes de lo que había calculado; tanto que hasta lo viviré y, aunque no se lo crean, me joderá.


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2 comentarios:

  1. Pues como sobra estado y aún digo más hay administración de sobras, en el literal sentido de la palabra, no me extraña que la gente eche sus cuentas y vea más rentable la independencia, a la que por cierto no tengo miedo, sí es elegida con sentido común y evaluando sus ventajas y sus inconvenientes; ahora que algunos hablen de establecer fronteras y bloqueos dice muy poco en favor de su inteligencia, apasionante la política catalana siempre.

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  2. El silencio es señal de inteligencia pero el cansancio ante tanto argumento inútil, ante tanta presión mediatica y nacionalista ¿ qué es ?

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