PIENSAS DIFERENTE, VOTA DIFERENTE

jueves, 5 de septiembre de 2013

ÚLTIMOS DÍAS DE AGOSTO CON MILA 2ª

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Ella con unos ajustados tejanos y una camiseta de tirantes, de color marrón oscuro, que dejaba ver sus hombros y marcaba sus magníficos pechos. Atlética, pero sin menosprecio de su feminidad. Muy morena, con las cejas bien marcadas, de cara ovalada, ojos grandes y oscuros, nariz un poco ancha y perfecta. El pelo corto, tan negro como el azabache, con flequillo bien recortado y la nuca descubierta. Él también con tejanos, pero de color kaki, y una camisa de lino blanco, de manga larga meticulosamente doblada. Aparentaba algunos años más que yo, quizá treinta; ella, en cambio, no debía llegar a los veinticinco.
Han desembarcado con una botella de Chardonais blanco, una de Bombay, unas cuantas tónicas y dos docenas de ostras.
Me sorprendió su elegancia. Nosotros todavía andábamos desnudos, aunque habíamos bajado a la cala con unas toallas y ropa para cubrirnos. No les molestó y, divertida, ella preguntó si solíamos andar así por el mundo. Me miraba fijamente, siempre aflorando una sonrisa, sin amagar el erotismo que representaba semejante contraste. Les conté que vivíamos apartados del pueblo, que solo bajábamos de vez en cuando por el trabajo de Lourdes y que buscábamos el salvajismo como experiencia, en su caso casi permanente, en el mío temporal y para limpiar mi espíritu.
-Yo lo hice hace un año. Jackes me convenció que marchara a navegar en solitario por todo el Mediterráneo, no tanto para olvidar como para reencontrarme a mí misma.
Lo dice tranquila mientras mira a su compañero, que está sentado departiendo con Lourdes. No le pregunto si consiguió su objetivo, por discreción y por el positivismo que emana.
-Conocí gente, mucha. Aprendí a diferenciar quién podía hacerme daño y a quién podía ayudar. Tuve sobresaltos y hasta temí por mi vida, pero supe salir airosa de los peores momentos y disfrutar de los mejores. Estuve con personajes que me enseñaron mucho, sin pedir nada a cambio ni esperar fidelidades.
Me mira y se ríe.
-Ahora, cuando conozco alguien, enseguida sé lo qué puedo esperar de él, y no me duele si recibo un mal golpe por haberme equivocado. Pero me parece que tú ya has vivido todo eso, que sabes de qué hablo.
Jackes se levanta y nos dice que se acercará al barco para recoger un pequeño equipo de música y una batería. Y Lourdes se ofrece a acompañarlo mientras me lanza una mirada que habla por sí sola.
*
-Háblame de mi libro. Todavía no sé lo que piensas de él y eso me preocupa enormemente.
Me mira a los ojos, en silencio, solo unos segundos. Sé que no va a confundirme con engaños y que este silencio no augura nada bueno, que solo busca la respuesta más acertada.
-Está muy bien escrito, mucho más que la mayoría, tanto que le falta alma. Describes tu realidad con tanta meticulosidad, que olvidas el sentimiento de los demás y el tuyo lo conviertes en matemática.
No sé qué responder. Es la crítica más dura que he recibido, la más temible y la que me deja sin escapatoria. Lo único que podría consolarme es el hecho de que por fin he aprendido a escribir. Y me retraigo en el tiempo buscando los posibles errores que cometí. Y lo más fácil es pensar que a cada corrección mi escrito ha perdido espíritu, pero sé que no es así. El espíritu es sustancial del escritor, no de su pericia. ¿Qué ha fallado entonces?
-Has querido ser demasiado preciso, exacto en tus recuerdos, y eso tiene un precio. Has escrito una biografía en forma de novela y supongo que eso no es tan fácil.
-Amara dice que es egocéntrica.
-El egocentrismo que emite es el resultado de lo anterior. La esencia de la novela es tu historia y eso es consustancial al egocentrismo.
El sol se pone tras una de las muchas montañas que nos rodean y al poco se escucha un aullido. Es la primera vez que lo oigo, pero es tan característico, tan distinto a todo, que se hace inconfundible.
-¿Cómo es posible que con semejante aullido no sepan que hay el lobo?
-El pueblo más cercano está a nueve kilómetros y no llega a los cincuenta habitantes. Su vecino está a veinte más y según Richard el lobo corre entre nuestro bosque y el de la Confederación Hidrográfica, que ocupa la mayoría de esos montes entre pantanos. El aullido es audible en kilómetros, pero el arbolado lo mitiga. Estoy segura que más de uno lo sabe, gente amante de la natura como nosotros, y lo calla.
Miro el cielo. No son días de buena luna y además mengua. La leyenda miente o no es exacta. El lobo no necesita de la luna para aullar sino compañía, y eso significa que no está solo.
*
-Se me hace extraño eso de charlar tranquilamente con un hombre desnudo, estando yo vestida.
-A Jackes debe estar pasándole lo mismo, supongo.
Y vuelve a reírse, ahora sentada a mi espalda y frente al mar, mirando el barco, que tiene las luces de la cabina encendidas.
-A estas alturas ya se habrá desnudado, es lo que más le gusta. Hemos venido así por mí, porque creí que era lo más apropiado.
La siento cercana, tanto que mi espalda roza su cuerpo. Tiene las piernas extendidas a mis lados. Me apoyo en su cuerpo y siento la dureza de sus senos, de sus pezones. Instintivamente me rodea con sus brazos. Siento tranquilidad, incluso satisfacción en su gesto. Me acaricia los hombros, la nuca. Acerca la boca a mi oído. Me estremezco.
-¿Te molesta?
En este caso sería el hombre más estúpido del mundo. Prefiero responder sin palabras. Su estímulo ya me ha arrancado un suave gemido. Ladeo la cabeza para brindarle mi cuello. Lo besa y muerde mi oreja, siento su nariz en ella. Imagino su cara, sus labios...
-¿Te gusta?
Con la yema de sus dedos acaricia mi pecho, con las palmas mis pezones. Una de sus manos baja a mi vientre y mi sexo reacciona y despierta de su ensoñación, lo siento grande, fuerte, poderoso como nunca.
-No digas nada, no hace falta.
Una de sus manos juega con mi boca e introduce dos dedos en ella y vuelve a reírse.
-Me encanta tu lado femenino, es fascinante, maravilloso.
Oímos la música, suave y cadenciosa. Solo queda una tenue luz interior en el barco y en la bañera se distinguen las dos siluetas.
-Creo que nos han abandonado. Al menos la han puesto alta para nosotros.
Se levanta y tira de mi mano. Me recuerda a Anna, a María, fuerte, suficiente y poderosa como ellas.
-¿Bailas?
Nunca lo había hecho desnudo con una mujer vestida. Creía estar preparado para todo, que nada me asombraría. El lugar, bello y desolado, el mar brillando con la luz de nuestro fuego y las rutilantes del barco.
Y me siento objeto en manos de una mujer excepcional, y no solo por esa belleza inimaginable.
Lentamente bajo los tirantes de su camiseta. Beso sus hombros, su garganta, acaricio su espalda. La desnudo sin prisa, después de acariciar la parte del cuerpo que va a ser descubierta, primero a través de la tela y luego bajo ella. Me recreo en sus formas, tan dulces como prietas. Y disfruto de sus suspiros, de su intensa respiración, lo que emite su cuerpo y como corresponde a mis caricias.
Se separa. El fuego marca su silueta, las recortadas sombras de su fabuloso cuerpo, de su maravilloso rostro.
-Haz conmigo lo que te apetezca.
La disfruto hasta el límite, cuando un hombre agota su condición de macho.
*
Salen risas de la cabaña, abiertas y sinceras. Y Richard se asoma por la puerta.
-Supongo que querréis pasar la noche juntos. Hace mucho que no os veis y tendréis muchas cosas que contaros.
Mila y yo nos miramos divertidos. Nunca le habíamos escuchado una excusa tan tonta. Mi amiga se vuelve.
-Si hombre sí, tranquilo, podéis acostaros cuando os plazca.
Nos sentamos en la bancada, que esta mañana hemos construido Richard y yo con tablas y troncos, donde hemos comido y cenado. Abro la nevera y saco una cerveza. Muy cerca se oye el suave zumbido del generador, que se ha puesto en marcha para extraer agua del pozo.
-Se estarán duchando -dice Mila.
La abrazo mientras miro las pocas estrellas que sobresalen entre el arbolado.
-Sí, es cierto, Isa era una mujer de la que enamorarse, de esas que encuentras pocas veces en tu vida y si no estás atento pasan de largo, pero también de las que no conviene enamorarte a no ser que sea tu compañera.
Se ríe.
-Me estás tomando el pelo. Con Isa has retratado a Amara y con Jackes a ti. No pueden existir dos parejas tan iguales.
La miro con ojos de burla. Ha callado de pronto, como si hubiese recordado algo tan sencillo, como que en este retrato también podrían entrar Richard y ella o Anna y Biel. En su caso ella sería Jackes, pero qué importancia puede tener el género en un caso como este.
-No somos tan iguales, principalmente yo con respecto a Jackes. Él era pasivo y yo muy activo. Y no sé cuánto espíritu de sacrificio podría tener Isa, pero ni mucho menos el de Amara. Además, tal como era Jackes imagino que Isa sería muy individualista, todo lo contrario que Amara. Y, aunque lo pasara de maravilla, no son comparables en el sexo. Amara es la fantasía y la generosidad más absolutas, es única, te hace sentir enorme y magnífico; pero a la vez notas que es demasiada mujer, que contigo no hay suficiente aunque consigas satisfacerla. Ya sé que es extraño lo que te cuento, que no encuentro palabras que describan lo que se siente al estar con ella; pero es cierto y de eso que nos plazca tanto ser más de uno. Y eso nos pasa a todos, sino pregúntale a Richard. Es su manera de moverse, la sensibilidad que demuestra en su piel, la expresión de su cara; como si pudiera hacer el sexo con todo su cuerpo y a su pareja le faltaran manos, bocas y hasta miembros.
-Pero eso es hablar de sexo, y en el amor del enamoramiento eso está tan de más como de menos. Con Amara, al igual que con Mónica, en el amor del enamoramiento el sexo se demuestra innecesario y, a la vez, motivo de irrefrenable deseo. Es difícil de explicar, lo sé, pero es lo que ahora mismo siento.
*
Amanece cuando veo a Lourdes y Jackes remando en dirección a la playa. No han puesto el motor, supongo que para no despertarnos; pero mi sueño es ligero y más en un sitio donde no suelo acostarme. Isa duerme plácidamente a mi lado envuelta en la fina manta que Lourdes y yo, por prudencia, bajamos de la cabaña. La despierto con un suave zarandeo, abre los ojos y sonríe. Le acaricio la nariz, los labios y hasta pellizco traviesamente uno de sus pezones.
-Levanta. Jackes viene a recogerte.
Se incorpora y se despereza. Se levanta y estira sus brazos hacia el cielo, mostrando una vez más su increíble belleza. Lourdes baja de un salto y arrastra la pequeña neumática con cuidado de no dañar su fondo con las piedras. Viste con una camisa de grueso algodón de su medida, de modo que imagino de Isa. Jackes impecablemente vestido, con unos pantalones anchos, doblados casi a la medida para no terminar mojados en la playa. Y me saluda como si fuéramos camaradas de toda la vida.
-¿Habéis dormido bien?
Por supuesto, la arena es fina y la hemos desembarazado de piedras; pero también podría explicarle que la hemos utilizado poco, que ha sido una noche intensa y que nos decidimos por lugares y posturas ahora mismo difíciles de explicar. Y también podría decirle que tomo prestada a su compañera unos días más. Pero eso no queda demasiado bien, sobre todo porque ella lo acaba de abrazar y besar de una manera que no admite dudas, aparte de preconizar una mañana tórrida donde las haya. Nos despide con un casto beso, coge sus cosas y sube a la neumática.
-Lo he pasado muy bien. Ha sido una agradable experiencia.
Levanto la mano con un gesto de correspondencia y sonrío.
-¿Qué tal ha ido? Le pregunto a Lourdes.
Me mira y se encoge de hombros.
-¿Has visto la pinta que tiene? Pues así toda la noche. Eso sí, hemos estado hablando por los codos, de su trabajo y del nuestro, de lo bien que vive y de lo emocionante de nuestra vida. Y todo eso con vuestros gritos y gemidos de fondo. Cuando ya nos caíamos de sueño me ha propuesto ir a la cama, por supuesto no la del sexo sino la de dormir. Me he levantado y lo he seguido hasta el camarote de proa sin plantearme nada. El tipo se ha desnudado y yo me he echado a su lado. Solo entonces se ha decidido a iniciar los preliminares, que han durado poco por falta de tiempo.
El tipo folla bien, muy bien, casi de libro, con la misma elegancia con la que viste. No me extraña que su compañera necesite un respiro de vez en cuando, como más salvaje mejor, porque en una semana a este tipo se le ha terminado el repertorio, y estoy segura que lo sigue como el menú de un restaurante: los lunes tal, los martes cual... y el sábado fiesta mayor.
Y yo no paro de reír, porque hay días que Lourdes está más inspirada de lo normal y hoy es uno de ellos. Es evidente que Jackes es de los tipos sin iniciativa, mientras que a Lourdes ni siquiera le gusta seducir.
-Tengo sueño ¿Podemos ir a la cabaña?
Y, antes de responder, me mira de arriba abajo.
-¿Tardarás mucho en reponer lo que esa lagarta te ha quitado?


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