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lunes, 3 de junio de 2013

DE ANIVERSARIO

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Falta poco para que cumpla los sesenta y dos, y eso ha hecho que recuerde muchas cosas, algunas en demasía y otras con cortedad.
Con los años el individuo, al menos yo, tiende a hacer las paces consigo mismo, de modo que deja de arrepentirse de lo peor; de analizar o preguntarse si había otra opción y, de ser así, por qué no la escogió; y descubre que todo, absolutamente todo, aún sin excusa, tiene su explicación.
¿Cuántos años llevo con el blog? Tantos que ni recuerdo, pero sí que hace unos cinco, cuando mi gran amigo bloguero me pidió conocer a Mónica, le respondí que tal vez le impresionara más la historia de Anna. Hoy, al pensar en ellas, no sé cuál de las dos marcó más mi vida. Hay momentos que pienso que fue Anna, mientras que en otros Mónica. Y si me pregunto cuál de ellas se acerca a mi ideal, no puedo responder, ni siquiera introduciendo a Mila y Amara entre las dos. Mi vida, como cualquiera de mis lectores puede comprobar, ha transcurrido alrededor de cuatro mujeres, aparte de otras que apenas dejaron rastro en mi espíritu. Y no por sexo, porque con Mila nunca lo hubo, sino por su inteligencia, su independencia y su espíritu combativo. Mujeres que prefieren la derrota o la muerte antes que la rendición.
El jueves Amara me despertará con un beso, Mónica me llamará después que lo haga Jep y cuando sepa que nadie la escucha. Anna ni siquiera me escribirá y si lo hace no será para felicitarme sino para que sepa que aún está viva; y Mila puede que me escriba, se olvide o esté en un lugar donde sea imposible contactar. Lo último que sé de ella fue antes que zarpara con unos ingleses hacia el cabo de Hornos.
Mónica me llamará y quedaremos para cenar, tomar unas copas y hablar de nuestras cosas, nunca de nuestras aventuras; y aprovechará para preguntarme por Anna, si sé algo de ella. Me contará que apenas responde a sus correos, aunque lo cierto es que Mónica apenas escribe y lo último que sabemos de nuestra amiga, es que estaba a punto de entrar a China desde Myanmar, por la frontera Himalaya, con pasaporte tailandés y en compañía de un camionero tan revolucionario como ella, cosa que dificulta bastante el envío de correo.
-Si te pasara algo ya no podría venir a buscarte -me hubiese gustado decirle como advertencia, pero preferí el silencio. Sé, además, que no quiere que vuelva a buscarla; y ella sabe que, en cualquier caso, ni la distancia ni las fronteras me lo impedirían.
Y saldremos sin nuestros respectivos compañeros y, como solemos, cenaremos en la taberna de Tomás. Y me recrearé en su exótica y perfecta belleza, aún sin el castigo de los años, en su piel suave y sin apenas arrugas, en su sonrisa y su grácil cuerpo. Y, como siempre, volveré a maravillarme de su fortaleza y de su indomable espíritu. Y dormiremos juntos en casa de algún viejo amigo.


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5 comentarios:

  1. A disfrutar que la vida son dos días

    Un abrazo

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  2. ¡Felicidades! y no sólo por cumplir años...

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  3. ¡¡Felicidades!!

    Parece que has tenido una gran fortuna en la vida, cuatro extraordinarias mujeres no se encuentran fácilmente.



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  4. Cierto eso que dices. Antes mas joven a lo mejor pesaba que podría haber enmendado algo pero ahora una vez llegado a los sesenta y mirando atrás creo que seguramente volvería a hacerlo del mismo modo. En cuanto a ellas. Es que la verdad es que seria difícil dejar de querer a ningunas de ellas por bueno.... Si, siempre hay una que es algo especial o muy demasiado especial, pero es que poniéndolas a todas juntas seria tan difícil dejar ninguna por la otra.

    Porque es sin duda una bendición la que te acompaña a pesar de uno.

    Saludos

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