PIENSAS DIFERENTE, VOTA DIFERENTE

jueves, 4 de febrero de 2010

LOS HIJOS SIEMPRE VAN A LA CONTRA

________________________________________________


______________________________________________________________________


Mi padre decía que para pasarlo bien, mejor una chavala lanzada y liberal, y para casarse, una comedida, recatada y conservadora.
Los padres deberían saber que los hijos siempre van a la contra, por lo menos los que se precian. Tal vez por eso al mío nunca le aconsejé con quien debía acostarse ni compartir su vida. Primero, porque es una estupidez y, segundo, porque es de los que hacen lo contrario.
El padre de mi padre era un malavida, putero y boxeador; pero, según los que lo trataron, un tipo muy entero, de esos en que puedes confiar. Mi abuela era todo lo contrario, aparte de una represora de cuidado con poco éxito -en el entierro de su marido tuvo que soportar que tras el féretro fueran no sé cuántas mujeres con sus hijos-. Supongo que mi abuelo, visto el resultado, no debió resistirse de aconsejar a su hijo. Dudo que mi padre hiciera caso, y no por llevar la contraria sino por su propia naturaleza.
Está claro que hice caso omiso a su consejo y, como él, tampoco por su origen sino por mi mismo.
Mi padre, hasta pasados unos años de haberme casado, no se percató que mi compañera era un verdadero petardo, -creo que aún lo duda- que enorgullecería hasta al difunto de mi abuelo. Mi madre, -en eso las mujeres son más avispadas- pronto lo vio y no paró de anunciarlo; aunque, como es su costumbre, a mi espalda y con palabras ambiguas y cara de no haber roto un plato.
- Esta chica es una pelandrusca-
- ¿No te parece un poco fresca la mujer de Pau?-
"Pelandrusca... eso decía. No se cansen, en la RAE no sale, como muchas palabras tan o más antiguas que ella misma." (Está claro que tecleé mal la palabra) .
A Amara no le afectaba. Las verdades nunca ofenden me decía. Y es que se sentía orgullosa de serlo.



He terminado la colección, la más pequeña de los últimos años, pero también la más ambiciosa.
¿De qué me sirven tantos modelos si la gente compra poco?
Esta vez no visitaré los representantes, lo hará mi socio. Amara me necesita más que nunca. Un día de estos la llamarán para operarla y debo estar a su lado.
Hoy le he leído las manos. Hace años que no lo hacía, tantos que ni recordaba. Lo he hecho sin darme cuenta. Al acariciárselas en el restaurante he recordado que había “visto” esta operación, un día que bromeé con ella sobre el asunto.
Las manos de mi compañera son un lío.

Nunca he creído en esas cosas, igual como el asunto del Tarot. Lo hacía de joven como distracción. Al poco empezó a presentarse gente en mi despacho de trabajo; gente seria, mayor... llamaban a mi casa.
- Me han dicho que usted...-
No había manera de convencerles que no era serio. Alguien les había dicho que acertaba, que no cobraba.
Lo aprendí de un viejo hippie medio loco, con tantos años como droga en la espalda, que, sentado en la gran escalinata de la Plaza del Rey, en el barrio gótico de Barcelona, las leía con una facilidad asombrosa. No cobraba y lo hacía a quien le caía bien. Amas de casa... incluso algún policía secreta.
Nos hicimos muy amigos. Al principio dudé que no fuera una estratagema para introducirse y pasar información, estudiar la gente que pasaba, etc. Muy infantil, pero cosas peores se han visto.
Me costaba mucho. No sabía negarme y el esfuerzo era enorme. Quedaba para el arrastre y durante unas horas no servía para nada, ni física ni psíquicamente. Al fin aprendí a decir No, a reír, bromear sobre el asunto hasta que el visitante se sintiera ridículo. Solo estando alegre, con un punto de alcohol, me salía con facilidad.
Aún recuerdo una noche en Vía Fleming con Joan. Habíamos ido a visitar a nuestras amigas-amantes madrileñas, y una de ellas nos recomendó que visitáramos aquel típico puterío.
Una chavala, morena y preciosa, se quiso enrollar conmigo.
- Estoy de paso y no quiero ningún lío-
Eso creo que le dije. La chavala me contó que no le importaba, que estaba cansada y con que le invitara a una copa tenía bastante. Me gustó su sinceridad, no sé si ficticia o real. Hablamos de mil cosas, del por qué nuestra visita, del trabajo...
- Cuando estoy bebido leo las manos y echo las cartas-
No sé por qué dije tal disparate. Quizá fuera el gin-tónic. La cagué pero lo pasé en grande. El dueño del local o quien fuera, no pudo hacer gran cosa. Al rato se había creado un tumulto a nuestro alrededor y el negocio se le fue al garete. Era la primera vez que me pasaba y seguramente al tipo también.
No recuerdo cuánto estuve, solo que Joan consiguió arrancarme de allí. Estaba desencajado, tanto de risa como de asombro.
Años más tarde, también en Madrid, lo volví a hacer en un pub en el que las “nicolaskas” corrían sin cesar. Se armó la marimorena, pero esta vez no aprecié preocupación en el propietario. Hasta creo que me despidió con afabilidad.



Cuando estuve en la República Dominicana, no en Punta Cana, Cayo Levantado o Sosua sino allí donde pocos van, descubrí que los haitianos emigraban a la República Dominicana, los
dominicanos a Puerto Rico y los portorriqueños a Miami.
A Joan, Vicki, Amara y a mi siempre nos ha gustado ser viajeros, pasear por las ciudades, los suburbios; conocer la gente del país, la más sencilla, la que a fin de cuentas es.
Los haitianos trabajaban, aún lo hacen, la caña de azúcar y el tabaco a precios de indecencia; salarios que los dominicanos despreciaban. Para ellos era un salario maravilloso, ya que en su país morían de miseria.
En Haití, me decían, nadie se muere de hambre; la gente se muere de miseria. Allí solo existen dos clases: los muy ricos y los muy pobres. Si eres pobre y quieres vivir con decencia has de emigrar o trabajar en la República Dominicana, si no lo haces has de robar o venderte como sicario. Si eres rico vives en las afueras, en la montaña, rodeado de verjas y vigilantes armados; tienes criados que bajan a la ciudad por ti, que van a buscar el gasóleo, la comida... Contaban que la gente está acostumbrada a la violencia, a los machetazos; que ni los niños están a salvo. Que las niñas a temprana edad eran violadas, eso sí, con un crucifijo al lado.
La República Dominicana es muy bella, pero la mitad de ella es pobre de solemnidad. La gente de las ciudades y los arrabales es humilde y hospitalaria, pero el peligro acecha en cada esquina, en cada bar o tienda. La gente de bien no va a esos lugares, como tampoco a ciertos barrios de la periferia de Barcelona, de París, de Madrid... solo que aquí son pocos y contados, y allí la mitad.
Visitamos el país para acompañar a una pareja amiga de Amara. Querían adoptar un niño y se llevaron una niña. A su hermano pequeño lo dejaron allí, mirándolos fijamente sin comprender lo que pasaba, sin saber por qué se llevaban a su hermana.

En el centro, fueras donde fueras, encontrabas grupos de niños buscando trabajo, limpiando zapatos, recogiendo cartones, latas... niñas no.
En los arrabales de la ciudad, los desagües de los edificios debían desatascarse a menudo. Las mujeres abortaban en sus casas con la ayuda de vecinas y santeras, después echaban los fetos al desagüe comunal. Como eran muchas las veces que no había agua por los cortes de suministro, quedaban a medio bajar, otras se acumulaban en algunos codos... Por la calle vi niñas embarazadas, no obstante me contaron que eran muchas más.
Es bueno que la mujer esté preñada. Prueba la virilidad del macho.

Recuerdo que la escuela estaba repleta de niños y los responsables desesperados. No pasaba semana, a veces día, que no encontraran un recién nacido en la puerta.
¡OH! Pero Haití es peor, nos decían. Allí, de tantos ni siquiera hay donde dejarlos. Los abandonan en la calle sin más.

Me dicen que la República Dominicana es el país caribeño que más ha mejorado.

.

5 comentarios:

  1. En el diccionario de la RAE:

    pelandusca.
    (De pelar).
    1. f. coloq. prostituta.

    De nada.

    ResponderEliminar
  2. No lo entiendo. Debí teclear mal la palabra.

    Muchas gracias.

    ResponderEliminar
  3. Perdona Pau ¡unos cabrones!. Fueron unos cabrones la pareja amiga de Amara que se llevó a la niña y dejó a su hermano.
    Si no les llegaba la generosidad para coger a los dos, podían haber elegido otra niña, aunque les gustase menos (supongo que se trajeron el "género" que más les gustó, en lugar de provocar dolor a dos. Ambos, por derecho natural, eran un lote que esta gente no tenía ningún derecho a romper.
    Solemos olvidar... nos importa un pimiento y por eso olvidamos, que quienes están en inferioridad de condiciones que nosotros, también sufren, sienten y padecen.

    Mira que me ha gustado el post!! pero... me ha puesto de mala ¿llet? este asunto. De todas formas gracias por compartirlo.

    ResponderEliminar
  4. Te entiendo, pero la situación era esta.
    No es fácil para nadie, tampoco lo fue para ellos.
    Los niños no puedes escogerlos como piensas, por lo menos en centros como aquel. Te dicen: aquí está. ¿Lo quieres o no lo quieres?
    Tuvieron la posibilidad de llevarse los dos, uno solo tenía que ser la niña. No se hizo, no creyeron poder con los dos. En su lugar yo lo hubiera hecho, ellos no.
    Juzgar es fácil cuando no se está.
    Nunca pregunto, cada uno tiene su vida, es mejor así. En su momento hablé con Amara, no con ellos. Me explicó el por qué y punto.
    En la República Dominicana no puedes adoptar así como así. Previamente tienes que haber vivido, que recuerde, dos meses allí; después de haber hecho un montón de trámites en persona, que te ocupan otros dos.
    Los amigos de Amara no podían tener hijos y buscaron uno en un país donde los tiran.
    Juzgar a alguien así es muy arriesgado.

    Yo solo he sido un viajero y no tengo ningún interés en juzgar a nadie que no conozca bien.
    Lo he hecho a menudo, demasiado para mi gusto y por necesidad. Porque a veces no queda más remedio que tomar partido y entonces ya no valen quejas ni desaires, entonces hay que involucrarse de verdad.

    Unn abrazo.

    ResponderEliminar
  5. Gracias por la aclaración, Pau. Tengo hijos y me hubiese matado que hicieran lo mismo con los míos. Si retrocedo, también me hubiese matado que lo hiciesen conmigo y alguno de mis hermanos. No te recrimino nada a tí (ni pinchabas ni cortabas).
    Otro abrazo,

    ResponderEliminar