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domingo, 20 de marzo de 2016

La maldición de la limosna

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Sería muy presuntuoso por mi parte decir que, por mis experiencias, he descubierto que en una sociedad que siempre ha ido sobrada, en tiempo de escasez la gente se mata por la comida; sin embargo, en una donde nunca hay para todos, solo el loco se sirve primero.
Cada día al pasar por detrás de la parroquia veo una pequeña cola de gente que viene a recoger su bolsa de comida. Es la desahuciada de la sociedad, la que difícilmente podrá recuperarse. Dicen que la crisis mengua, que hay más trabajo, pero la cola cada mes es un poco más larga. Hablo con amigos de otros barrios, personas que, al contrario que yo, ayudan. Me explican que cada vez hay más gente que, aun trabajando, no llega a fin de mes y no puede pagar todos los gastos y comer.
Debemos felicitarnos, hemos creado una sociedad trabajadora y pobre, que con su trabajo mantiene unas pensiones más elevadas que el salario que gana.
¿Cuánto tiempo podrá aguantar esta situación?
En una democracia el tiempo que haga falta, mientras los pensionistas sean más numerosos que quienes los mantienen. En una dictadura ya no.
Mis amigos no me preguntan por qué, estando tan implicado en la política, no ayudo. Quizá lo hagan por educación o quizá por miedo a mi respuesta.
no me gusta la limosna sino la justicia, por eso me impliqué en la política.
La limosna alinea y abotarga, convierte al ser humano en cliente agradecido. es curioso que entre mis compañeros de lucha, o en las manifestaciones y movilizaciones, no haya ninguno de los que reciben limosna, aunque sean los que más deberían pelear.

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3 comentarios:

  1. ¿Y si matamos a los pensionistas?
    Quizás no a todos, solo a los que ganen más que (algunos de) los trabajadores.
    No sé si el enemigo es el pensionista.
    Es igual, les matamos y después ya iremos solucionando el resto de los problemas.
    Ay.

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