PIENSAS DIFERENTE, VOTA DIFERENTE

sábado, 17 de mayo de 2014

ENSEÑANDO A SOÑAR Y A PENSAR

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¿Represalia?
¿Lucha interna por el poco pastel que ya queda?
Todo es posible, ya no hay dinero para toda la Familia y algunos deben ser apartados o simplemente expulsados. Luego la rabia y la sempiterna pregunta ¿Por qué ella puede seguir robando y yo no?
También podría ser un ajuste de cuentas en el interior de la Familia. Quizá estuviera a punto de caer y amenazara con arrastrar a otros. Para eso se necesita un verdugo con una buena excusa para dar solidez a la historia. Ese debe tener una edad por la que no tenga que pagar mucha pena. A cambio los suyos quedarán arreglados de por vida, aunque sea a través de terceros. La Familia es así, siempre cobra y siempre paga.
En la foto no están todos, pero si los que marcan la diferencia, los que representan los distintos subgrupos, apretados, casi uno encima del otro para dar fe que estaban. Parece un aviso, para explicar al resto quiénes son y el por qué. En ella el poder muestra sus entrañas, no amaga lo que es, ya no le hace falta. Ha convertido al país en el argumento de una novela negra, al más puro estilo norteamericano de los años cuarenta.
Entre ellos hablan de formar una gran coalición, unir las dos grandes Familias. Creen que así podrán mantener el poder y el sistema, cuando en realidad el uno es ficticio y el otro se desmorona. Necesitan del engaño para no tener que llegar a las manos, porque para conservar el poder son capaces de todo, desde cambiar las reglas del juego democrático, hasta matar si es necesario.

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Para que la gente aprenda a pensar y soñar en libertad, hay que darle las herramientas necesarias. Pero no todas, ni en exceso. No es bueno hacer que la gente no necesite luchar para pensar y soñar en libertad. Queremos un mundo de personas, no de androides.
No hay libertad sin lucha y no hay lucha sin violencia. Eso podría haberlo aprendido de Mandela, pero no me hizo falta, siempre lo supe. Mandela mató a muchos, igual que su opositor Klerk, y luego los dos se pusieron de acuerdo y les dieron el Nobel de la paz.

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Michel me explicó que vino a España porque quería vivir en calma. Michel es nigeriano y tiene mi edad, debe ser de los primeros en llegar. Recuerdo que esas mismas palabras las dijo Abdullah, un sudanés grandote y bonachón, que conocí mientras vendía refrescos en la playa. Lo mismo que podría haber dicho nuestro querido amigo Julián, si no hubiese sido rescatado por el padre de Artur, antes que Macías matara a su familia. Y son las mismas que hace poco escuché de Luis, mi nuevo amigo peruano.
-Ahora mi país ha cambiado mucho, antes de Fugimori la gente se mataba por las calles, no podías dormir tranquilo y fuera de las grandes ciudades tu vida no valía nada. Tú no sabes lo que es que estalle una bomba al lado de tu casa.
Y no le explico que me cayó una granada encima, justo a unos metros de dónde me encontraba; pero sí que estuve en el Altiplano y en el Madre de Dios en junio del 82.
-¡Uy! Entonces tú debiste pelear por tu vida, estar en Maldonado ¿Te tiraste alguna india allá? Son muy calientes las indias. Pareces un hombre de paz, tan tranquilo y peleando por unas ideas tan sanas. Debiste pasar miedo, mucho miedo.
No, entonces no conocía el miedo, incluso creo que tampoco ahora. No estoy seguro de lo que es el miedo. Debo remontarme muchos años, tantos que ni recuerdo. Es cierto que lo he buscado, a veces hasta con desespero, pero sin demasiado éxito.
Pero todo eso lo hablo en silencio, solo para mí. Pocos han de conocer mi vida, solo los que de vez en cuando me leen. Esas cosas no sé ni puedo contarlas a viva voz.
-Tuve suerte –respondo con una mueca de poco convencimiento.
Nos conocimos en el bar de los paquistaníes, mientras buscaba firmas para presentarnos en las elecciones. Me gusta hablar con ellos sobre su país, nos reímos y charlamos distendidamente. La gente me mira sorprendida, nunca había visto sonreír a esta gente. Tan sobria y silenciosa, poco dada a hablar de su vida, lejana y extraña, cerrada en sí misma. Me gusta porque la conozco y sé de qué hablar con ella, sus inquietudes y el reparo que siente cuando es tratada con violencia. No ha venido en busca de calma, en su país, aunque la gente piense lo contrario, se vive con sosiego. Pero esos paquistaníes no son del norte, pashtunes. Ni siquiera saben cómo es aquel país, del que todos hablan como si fuera un ensueño.
-Tengo entendido que todavía hay robo de niños indígenas, que son vendidos en el mismo Maldonado, para deleite del blanquito degenerado.
Y se me queda mirando horrorizado y compungido, seguramente porque ha descubierto que conozco su país mejor que él.
-Mis hermanas van a votarte, yo no puedo porque no tengo la nacionalidad, pero ellas sí.
-Y cómo sabes que van a votarme.
-Porque hacen lo que les digo, no más.

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Es curioso cómo, tras una transición y lo que llaman una democracia, nada ha cambiado, todo sigue igual.
La tecnología ha conseguido que nos comuniquemos con rapidez y que la fotografía pase de una gama de grises a los colores del arco iris, pero la gente es la misma. Una parte de la juventud sigue siendo retrógrada y otra revolucionaria. La gente de mediana edad solo piensa en sobrevivir y poco más; mientras, los pensionistas viven resignados y solo sueñan en que todo siga igual, aunque solo sea para el poco tiempo que les queda. Esperan, siempre con miedo, el veinticinco de cada mes o si mañana la farmacia seguirá suministrándoles el medicamento sin pagar, que en la mayoría de los casos no lo necesitan y lo acumulan por si un día les hace falta.
Y escucho a decenas de personas de mi edad, que hablan de lo mucho que costó eso que llaman democracia, cuando sé que ninguno de ellos hizo nada por conseguirla y algo por evitarla; que a lo máximo que llegaron fue explayar su rabia con un taxista, un día que habían bebido demasiado, cagados al siguiente por si el chófer era un confidente. Cuando sé que son conscientes que no viven en democracia ni saben lo que es.

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1 comentario:

  1. Es un retrato de lo que tenemos, aunque quizás no merecemos recibir tan escasa libertad y no se corresponde el progreso económico, que si lo ha habido, con el político que se ha detenido o con el social que vaya usted a saber como anda de verdad.Un abrazo.

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