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sábado, 23 de noviembre de 2013

DOGMATISMO BARATO

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Leo la entrevista que Olga Rodríguez hace a Alberto Garzón.
“La democracia real solo es posible sin capitalismo”

Me pregunto si Garzón sabe lo que es democracia, en la entrevista no la nombra en ningún momento, sin embargo, innumerables veces lo hace sobre la Transición. También me pregunto lo que para él es capitalismo, si los suizos son capitalistas. Y si preguntar a la ciudadanía sobre cualquier tema, o si con una cantidad razonable de firmas pueda plantear un referéndum, es democracia. Y también que pensaría si la ciudadanía decidiera mayoritariamente seguir en el sistema capitalista. Quizá sea de esos que creen que el pueblo no está preparado para decidir, sobre todo en estas cosas tan importantes que necesitan a un ente superior que decida por él o, en todo caso, que la pregunta haya sido estudiada y pasada por el tamiz de una buena directiva, o sea de la censura.

Últimamente la autoproclamada izquierda ha impuesto la moda de criticar la Transición, como si fuera el origen de todos nuestros problemas. Lo sorprendente es que, igual que pasa con la Constitución, la derecha se ha convertido en su defensora. Felipe González, Arias Salgado y todo un grupo de políticos españoles, generalmente a sueldo de grandes multinacionales, andan por el mundo cantando las excelencias de la Transición, cuando en su momento se cagaron en ella. No preguntan a la gente, ni siquiera a la que la hizo posible, tal vez por ser desconocida y prefiere el anonimato, sino que dictaminan y hasta osan explicarnos su historia. No piensan que en un país de pequeños y acomodados fascistas, la Transición fue todo un logro, que costó cientos de muertos y miles de torturados. Dicen que la Transición limitó el futuro de las generaciones posteriores, cuando en realidad fue la puerta hacia la plena democracia, esa que muchos cerraron a sus espaldas con acomodaticio desprecio.
Y no habla de los pequeños partidos, esos que trabajan por la democracia y se nutren de ella, eso no le interesa, quizá por ser demasiado libres o por pretender esa democracia de la que habla, pero no puede ni quiere entender.
Olga Rodríguez lo introduce en el 15M, cuando el grito que más representa a este movimiento es: “ellos no nos representan”
Y habla de la juventud como si fuera suya, como si esta siguiera las directrices de un pensamiento único, el suyo. No pregunta a esa juventud lo que espera de los políticos, tal vez porque sabe que no es coincidente con su idea. Se nota que Alberto Garzón no ha necesitado salir a la calle para pedir firmas para presentarse, quizá entonces habría descubierto el verdadero talante del joven español, incluso del ciudadano que apenas tiene tiempo para respirar, que busca con desesperación y hasta desesperanza una salida
Señor Garzón, me temo que usted no pasa de ser la Talegón de IU, eso sí, con más caché y don de palabra.

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