PIENSAS DIFERENTE, VOTA DIFERENTE

jueves, 18 de abril de 2013

LÁGRIMAS QUE NO SE VEN

______________________________



En las noches de insomnio o en los momentos más difíciles, recuerdo a mis padres con un sentimiento de culpa difícil de expresar, como si echara en falta su consejo o apoyo, cuando nunca lo tuve ni lo pedí. No puedo sentirme culpable de su muerte, es imposible, pero sí del abandono al que durante tantos años los castigué sin saber el por qué. Y ya de mañana, con la libreta y el lápiz en la mano, no sé ni entiendo el cómo de ese sentimiento; quizá porque marcharon demasiado rápido, sin molestar ni con tiempo para una despedida como merecían, con la mente clara y sin enfermedades; quizá sea eso y mi falta de empatía hacia ellos cuando estaban vivos. Solo sé que siento un nudo en el estómago, una opresión en el pecho y que mis ojos se humedecen cuando no debería. Busco en mi recuerdo y apenas encuentro algo, a no ser sus caras, sus miradas. Y súbitamente son otros quienes asaltan mi memoria, rompiendo esa ensoñación para mí tan incomprensible.
Anna ocupa demasiado espacio de mis pensamientos, tal vez por el ansia de no saber cómo está, si me necesita o lo que hace. 

Ayer, mientras escribía una parte de la historia que compartí con Anna y que nunca publiqué, supongo que para desquitarme de su olvido o para escapar de los problemas que me absorben, Amara me preguntó qué haría si ella faltase. A veces no puede abstraerse a la idea de que su organismo no podrá soportar mucho tiempo tanto castigo, consciente del exceso y la toxicidad de su medicación. Al principio la miré fijamente a los ojos y en silencio. No es la primera vez que me pregunta algo así, a la espera de una respuesta imprecisa, que sobre la mesa deja mil posibilidades distintas. Pero esta vez, tras volverme para seguir con la escritura, simulé hartazgo y evité proferir las palabras de siempre, que casi prometen vida eterna.

-Ya lo sabes. No me preguntes más.

Y sí, lo sabe perfectamente. Pau volvería a ser Pombo a todos los efectos, y la gente de su minúsculo y viejo entorno, aquel que se resiste al olvido, le llamaría Popol como tiempo atrás. Y luego se disiparía como las burbujas de un buen cava, en las montañas del norte de Birmania, para hacer lo que mejor sabe tras una mujer medio real y medio quimera, entre humana y casi sobrenatural; que sin necesidad lo soportaría, que sin quererlo lo amaría, tal como él a ella.
Hoy es Anna por quien más lágrimas derramo, aunque sean de las que no se ven ni se aprecian, que ni siquiera humedecen mis ojos. Y mañana sería por Amara, la mujer más absoluta que hombre alguno pueda conocer.

.
 

6 comentarios:

  1. No sé que puedo decir... me impresiona lo que dices, así que no añado nada.

    ResponderEliminar
  2. Bellos recuerdos de tus padres, unas personas que impulsan a los hijos hacia una libertad que ellos añoran, yo apenas recuerdo como era la vida con ellos, cosas de gallegos que nacemos con alas de anduriña y un especial olfato para detectar donde hay un guiso de patatas. Sí eso iba bien, a ellos les valía y al final de la conversación siempre preguntaban: ¿Pero hijo, ahí comes bien?

    ResponderEliminar
  3. Como una especie de respuesta o diálogo escribí algo en mi blog.
    Un abrazo

    ResponderEliminar
  4. Mi respuesta sería larga respecto a tus padres.
    Decir papá o mamá y que nadie te conteste es muy duro.
    Todo se calmará.

    Besos a Amara

    ResponderEliminar
  5. Eso de consejo o apoyo que nunca has pedido me suena familiar. Tampoco lo he pedido a mi madre, creo, y mi padre murió joven como sabes. Una cosa es pedir consejo o apoyo y otras es recibirlo sin que sea visible, casi como algo que tiene que ver con una mirada o la posición del cuerpo o un gesto leve u otra expresión casi invisible de apoyo. Creo que eso es tan importante que un consejo expresado en palabras. Eso nunca he buscado, pero lo otro he recibido en grandes cantidades, en miradas, en silencios y en tantas expresiones más de apoyo. No sé como ha sido en tu caso.

    La otra cosa, de Amara... No se sabe como será el futuro. Yo pienso muy a menudo que el día de mañana pueda ser el último en buena salud o incluso vivo. Vivo con la inminencia o la proximidad de la muerta ya desde muchos años.

    Un abrazo

    ResponderEliminar