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sábado, 17 de diciembre de 2011

...EL BLUES DE AMARA... TESA

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Masacre de coptos en el Cairo por parte del ejército.



Llevo 84 páginas escritas, de las que apenas quedarán 50 después de haberlas pasado por la censura, a menos que mi tercera novela termine siendo un gran y extenso relato erótico.
Excepto la parte emotiva de mi relación con Amara y mi aventura en Perú con Lourdes, que aún no he escrito, el resto es puro y salvaje sexo, y no puedo evitarlo, ya que sin él la historia carece de realidad.
Hoy, mientras escribo, me pregunto cómo pudimos llegar tan lejos y soportarlo sin afectar nuestra convivencia, nuestro amor, la paternidad y la educación de nuestros hijos.

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Para ella Tesa fue una buena amiga, la mejor, y aún lo es aunque a veces pierda la perspectiva. Ayudó a Amara en su aborto, en sus desgraciados lances amorosos y familiares, a superar el terrible trance de su violación y de los innumerables asaltos que padeció. Siempre estuvo con ella, para lo peor y lo mejor, de manera que el día de nuestra boda, al venir sola hice que se sentara a mi lado.
Tesa vivía como era, arriesgadamente y sin medir las consecuencias. Tenía dos novios, uno en su pueblo, fotógrafo de Sant Quirze de Basora, y otro en Barcelona, aparte de un amante en Vic con pretensión de ir a más y algún que otro amigo del hospital. Era una mujer divertida y, tras una apariencia nerviosa y alocada, escondía un carácter tranquilo, reflexivo y un privilegiado cerebro. Pelirroja, delgada, con un precioso y bien formado cuerpo y guapa de cara. Por su carácter y su físico llevaba de coronilla a los hombres y podía tomar el que quisiera; y le gustaban de todo tipo: jóvenes, maduros, pequeños, grandes; solo exigía la fidelidad del amigo, algo muy difícil, porque de ellos lo que más le atraía es que fueran calaveras, muy calaveras, y de todos es sabido que eso no hace buenas migas con la fidelidad.
Amara no solía mezclar amigos. Con Tesa se encontraba muy de tarde en tarde y solo para algunas salidas privadas: una cena de compañeros de trabajo o cuando se llamaban para presentarse un amigo. No obstante, un par de veces había coincidido con Jep, manteniendo la justa distancia al ir siempre acompañada, pero sin poder disimular lo mucho que le atraía. Amara y yo nos reíamos por ello, solo de ver la lánguida mirada de ella, su característica manera de hablar, de levantar el mentón; y la palabrería de él, tan interesante, inteligente, segura y amena cuando quería seducir a una mujer. Sin embargo, y pese su arrebatadora sexualidad, a Jep le faltaba lo primordial: ser o parecer un calavera, algo que yo sabía simular y que a Joan le sobraba.
Había algo que Tesa cumplía a rajatabla: el respeto por la amiga. Solo por el hecho de ser el compañero, un amigo demasiado íntimo o que percibiera un asomo de interés hacia él por parte de ella, Tesa, por mucho que el tipo le atrajera, se mantenía en un discreto segundo plano. El mundo para ella estaba repleto de hombres de su gusto y no tenía necesidad de cosecharlos entre los de sus amigas, por eso me sorprendió tanto lo ocurrido en el barco, el fin de semana que por fin coincidimos con ella y Joan y Vicki.
Hacía tiempo que Amara quería invitarla, pero dado lo difícil que era conseguir que coincidiéramos, lo iba atrasando un mes tras otro. Tesa pasaba los fines de semana en su pueblo y siempre que podía hacía una escapada a Vic. Entre semana vivía en un piso compartido con una simpática amiga de su pueblo, que, atónita, asistía a la complicada vida amorosa de su compañera, convertida en forzosa cómplice al atender las desconsoladas y largas llamadas desde Sant Quirze.
Jugábamos con el velamen y el curricán, con la seguridad que si algún bicho picaba sería por casualidad. En esos casos nos permitíamos poner una buena cucharilla con grandes anzuelos, solo por el gusto de imaginarnos que podíamos pescar un gran depredador. Recién habíamos terminando de comer y hacía rato que notábamos a Tesa un poco tensa, como si esperara algo que supiera que nunca llegaría. Parecía hablar con Amara casi en clave, cosa que nos incomodaba, no así a Vicki que les seguía la corriente de forma burlesca. De pronto Amara entró en la cabina, desnuda como siempre, provocándonos con su mirada y potenciando al máximo su atractivo con su arrebatadora sensualidad. Joan, después de lanzarme una mirada que casi parecía pedir perdón, le lanzó una provocativa bulla intentando pellizcarle el trasero. Y la seguimos como corderos seguidos de la burlona mirada de Vicki. Nos esperaba apoyada en la mesa de mapas, espléndida como siempre, pero su semblante había cambiado, casi mostrando disgusto.
-¿Os gusta Tesa?
- Claro –respondimos sorprendidos por la pregunta.
- En este caso y a menos que os sepa mal por algo, me gustaría que os la tiraseis. No está bien que Vicki y yo pasemos el fin de semana follando con los dos y ella no, supongo que lo entendéis.
En pocas palabras nos estaba diciendo que su amiga deseaba tener sexo con nosotros y que ellas no solo estaban de acuerdo sino que nos exigían que la atendiéramos como merecía.
Tesa era una maravilla, tanto en la cama como fuera de ella y, como era habitual con nuestras compañeras, el fin de semana terminó siendo una explosión de inesperadas e inimaginables sensaciones.

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