PIENSAS DIFERENTE, VOTA DIFERENTE

domingo, 20 de marzo de 2016

La maldición de la limosna

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Sería muy presuntuoso por mi parte decir que, por mis experiencias, he descubierto que en una sociedad que siempre ha ido sobrada, en tiempo de escasez la gente se mata por la comida; sin embargo, en una donde nunca hay para todos, solo el loco se sirve primero.
Cada día al pasar por detrás de la parroquia veo una pequeña cola de gente que viene a recoger su bolsa de comida. Es la desahuciada de la sociedad, la que difícilmente podrá recuperarse. Dicen que la crisis mengua, que hay más trabajo, pero la cola cada mes es un poco más larga. Hablo con amigos de otros barrios, personas que, al contrario que yo, ayudan. Me explican que cada vez hay más gente que, aun trabajando, no llega a fin de mes y no puede pagar todos los gastos y comer.
Debemos felicitarnos, hemos creado una sociedad trabajadora y pobre, que con su trabajo mantiene unas pensiones más elevadas que el salario que gana.
¿Cuánto tiempo podrá aguantar esta situación?
En una democracia el tiempo que haga falta, mientras los pensionistas sean más numerosos que quienes los mantienen. En una dictadura ya no.
Mis amigos no me preguntan por qué, estando tan implicado en la política, no ayudo. Quizá lo hagan por educación o quizá por miedo a mi respuesta.
no me gusta la limosna sino la justicia, por eso me impliqué en la política.
La limosna alinea y abotarga, convierte al ser humano en cliente agradecido. es curioso que entre mis compañeros de lucha, o en las manifestaciones y movilizaciones, no haya ninguno de los que reciben limosna, aunque sean los que más deberían pelear.

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viernes, 18 de marzo de 2016

De un tiempo a esta parte

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De un tiempo a esta parte recuerdo mucho a mis padres, los tengo presentes en mil sitios, conversaciones y hasta gestos. No puedo decir que me disguste. Supongo que es lo que uno echa más en falta, los padres. No sé por qué, no lo sé. Quizá sea porque no queremos dejar de ser niños. Supongo que se me pasará.

De vez en cuando conviene dejar la política a un lado, para volver o no abandonar el mundo real. La vida ha hecho que vuelva a la lucha, esta vez de otro modo, aunque igual de intenso.
Cuántos años han pasado? Ahora tengo 64, la dejé en 1977, a finales. Descubrí a los piratas en el 2011 y volví a enrolarme, pero no para hacer política sino para desarrollar mis inquietudes. Ahora he vuelto forzado, recordando viejos tiempos de lucha clandestina. Dicen que todo vuelve, lo ha hecho el fascismo y por su lado más crudo, con camisa y corbata, y discurso civilizado, de la mano de unos grupos mafiosos que persiguen la desigualdad y la vuelta al medievo.

Esta vez ya no queda margen, es duro confesarlo, pero mejor hacerlo ahora que estamos a tiempo. Hemos de conseguir que una España sea perseguida hasta el más oscuro y escondido rincón, encarcelada y despojada de todos sus bienes, absolutamente de todos, para que no vuelva a resurgir jamás. No sirven los pactos ni la condescendencia, sino la eliminación. Hemos de conseguir que su ciudadanía valedora sea corresponsable de sus desmanes, principalmente con su hacienda.

La política es lo peor, cuando debería ser lo mejor. Hemos de conseguir que el político utilice su tiempo y sus esfuerzos en crear y trabajar por el bien común; sin embargo, el sistema lo impide y obliga a que se desgaste para para defender su espacio. Primero hemos de ganar, te dicen, luego podremos gobernar para y por la ciudadanía. Pero yo solo quiero que la ciudadanía se gobierne a sí misma, con el menor número posible de intermediarios.

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